
ACONTECER · INTERNACIONALES Por Herver Castro · 23 de septiembre de 2026 · 5 min de lectura Una lectura del acuerdo petrolero entre Estados Unidos y Venezuela a partir de las reglas…
Una lectura del acuerdo petrolero entre Estados Unidos y Venezuela a partir de las reglas de negociación atribuidas a Donald Trump.

Las cuatro reglas de Trump: A propósito del acuerdo petrolero entre Estados Unidos y Venezuela me vi obligado a releer El arte de la negociación, de Donald Trump. Hay cuatro cosas que él asegura nunca olvidar antes de hacer un trato.
La regla número 1 de Trump es nunca sentarse a negociar en desventaja.
Primero se llevó a Maduro por la fuerza. Lo que quedó del régimen ya no tenía con qué exigir: solo podía ceder, o correr la misma suerte. Con ese precedente, EE.UU. controló exportaciones e ingresos. El régimen lo único que podía negociar era sobrevivir.
Ahí llegó el “mayor acuerdo Petrolero de la historia”. Vendido como “victoria mutua” y “a costo cero”. Trump no pidió el petróleo.
Dejó al régimen sin alternativa.
La segunda regla de Trump es la clásica de apuntar muy alto y seguir presionando hasta obtener lo que desea.
Trump no pidió un porcentaje simbólico. Pidió 65 mil millones de barriles, concesiones a 100 años y crudo al costo. El régimen de Delcy no quería parecer que entregaba el país. Quería sobrevivir y vender “recuperación”. Trump entonces siguió la retórica: no “nos quedamos con tu petróleo”, sino “victoria mutua”, “reconstrucción” y “a costo cero”. No bajó la exigencia. Vendió un ganar-ganar. Aunque sí, los venezolanos sabemos la verdad.
La tercera regla de Trump es nunca apostar, aunque la gente cree que es un apostador. Su estrategia es ser la casa de apuestas.
“Protege las pérdidas y las ganancias se encargarán de sí mismas”.
Trump dice que siempre entra a un trato anticipando lo peor. Si puedes vivir con el peor escenario, lo bueno llega solo. Por eso siempre tiene plan B y C. En rueda de prensa dijo que tenía varios planes por si acaso fallaban en capturar a Maduro, y también si los remanentes del régimen decidian inmolarse.
En Venezuela no apostó el presupuesto ni una ocupación larga. El costo político y militar de “quedarse a gobernar” era el plan A que podía explotar. Así que cubrió la baja: se llevó a Maduro, dejó una vasalla obediente y se quedó con el flujo del petróleo (el botín).
No buscó el jonrón de administrar el país. Buscó ser la casa: controlar el recurso y limitar la exposición.
Presiona y elogia a la otra parte para que conceda más, hazle creer que tiene control.
En el libro Trump lo deja claro: si estás en posición de fuerza, puedes empujar a que el otro ceda más. A veces esa fuerza llega sola. Otras la fabricas, incluso haciendo creer a la otra persona que la tiene. Por eso Delcy. No era la oposición. Era alguien del régimen que podía firmar, sostener el orden y vender el trato como propio.
Ella cree y le hace creer a los suyos que conduce la negociación. Él controla el flujo, los ingresos y el precedente de Maduro. Le conviene que ella siga ahí: una vasalla útil. Administra el país, absorbe el desgaste y entrega el recurso. Al menos mientras la política en Washington, el Congreso, los costos, el calendario, no le exija cambiar el plan.
Desde esa mesa, EE.UU. no preguntó qué estaba dispuesta a dar Delcy. Puso la oferta concreta, luego hizo que todo girara alrededor de esa propuesta.
En Venezuela Trump aplicó el libro casi a la perfección.
Con Irán no le ha salido igual la jugada. Él dice que es cuestión de tiempo.
Trump no improvisó el acuerdo petrolero.
Aplicó el libro: no sentarse en desventaja, pedir de más, tapar la pérdida y presionar hasta que la otra parte ceda, creyendo, además, que manda y tiene control.
Sobre el autor
Herver Castro
Analista y divulgador venezolano especializado en economía, tecnología, ciencias y actualidad. A través de sus plataformas digitales, promueve el análisis y el pensamiento crítico sobre Venezuela y el contexto internacional.
