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Discursos que se devuelven

OPINIÓN · ACTUALIDAD

Por Gehard Cartay Ramírez · 25 de septiembre de 2026 · 4 min de lectura

Una lectura crítica sobre el cambio de discurso de Donald Trump y del régimen venezolano.

Los discursos de Trump y los del Rodrigato han cambiado notable y escandalosamente desde el pasado tres de enero.

No sólo se han modificado en su contenido y forma, sino que ahora contradicen absolutamente lo que antes afirmaban, en una demostración de oportunismo y cinismo muy pocas veces vista. Y no es que no tengan derecho ahora a opinar distinto por aquello de “que sólo los idiotas no cambian de opinión”, sino porque la manera como lo vienen haciendo revela una desvergüenza poco común, sin duda.

Trump acusaba a todo el régimen venezolano -donde la vicepresidenta era la misma que hoy usurpa la presidencia- de narcotraficante, criminal y terrorista, argumento que le permitió justificar la presencia de sus fuerzas militares en el mar Caribe a los fines de extraer al dictador Maduro. Pero ahora se guarda aquellas graves acusaciones para deshacerse en elogios a la que sustituyó al extraído el tres de enero, todo lo cual implicaría que, por lo visto, este era el único delincuente y que todos los que lo rodeaban y apoyaban no lo eran o fueron luego sacralizados por el gobierno de Estados Unidos. Algo pasó y seguramente en el futuro se sabrá lo que ocurrió aquella noche de traiciones y deslealtades de todo tipo.

Ahora Trump se siente a gusto con sus socios del otrora “socialismo de siglo XXI” y se solaza orgullosamente de haberle puesto la mano al petróleo venezolano equiparándolo a un botín de guerra, ni más ni menos. Habla de un acuerdo histórico con sus tutelados como nunca antes suscribió Estados Unidos en toda su historia, y afirma descaradamente que, en la práctica, las reservas petroleras de Venezuela ahora son de su país o, al menos, las compartirá con sus ahora nuevos mejores amigos.

Las mentiras de Trump lo han llevado a afirmar que en Venezuela sus habitantes bailan en las calles y están ganando dinero como nunca antes (ya se sabe que lo del dinero pareciera ser lo más importante para el presidente estadounidense), aparte de lo “maravillosa” que ha resultado la interina. Por poco no ha dicho también que nuestros problemas han desaparecido gracias a su intervención, aunque lo ha insinuado sin ningún rubor, por cierto. En definitiva, como bien se sabe, el personaje en cuestión se enemistó desde hace tiempo con la verdad y la mesura, como lo demuestran sus declaraciones cuando se refiere a Venezuela.

Por su parte, el Rodrigato también cambió su discurso. De aquel histérico antiimperialismo que Chávez y Maduro gritaban destempladamente en sus arengas y discursos durante más de 20 años, ahora no queda nada. Nada queda tampoco de aquel discurso antiimperialista que la inelecta pronunció el 19 de septiembre de 2019 cuando anunció que llevaría a las Naciones Unidas 13 millones de firmas contra Trump, una falsedad colosal pues las fulanas rúbricas no aparecieron por ningún lado entonces. Apenas algunas pancartas y afiches de entonces con la leyenda “No more Trump” son recordadas ahora en las redes sociales, junto con aquel discurso de la entonces vicepresidenta exigiendo –“con profundo orgullo”- al presidente de Estados Unidos “que dejara de entrometerse en los asuntos de Venezuela”. Siete años después, el gobierno de Estados Unidos no sólo se entromete en nuestros asuntos, sino que actúa como una fuerza de ocupación en todo sentido, con la aquiescencia de sus nuevos vasallos.

Tiempos pasados, por supuesto, que el Rodrigato no quiere recordar ahora. Aquellas proclamas biliosas y rabiosas han sido sustituidas por un discurso empalagoso, melindroso y complaciente en grado extremo, desvergonzado pudiera decirse. Y es que el mismo día de esta semana que Trump habló en la ONU y justificó la captura de Maduro calificándolo de dictador, criminal y narcotraficante, la interina se reunió minutos después con el presidente estadounidense, con fotos de ambos muy sonrientes y cercanos.

Y no sólo eso. La interina calificó aquella reunión como “histórica” y destacó el fortalecimiento de la relación bilateral entre ambos países, así como la agenda de cooperación en “áreas estratégicas como energía, minería, seguridad y otros asuntos de interés común”. Agradeció el decidido apoyo de Trump y su gobierno por la ayuda con motivo de los recientes terremotos, “así como el respaldo estadounidense al proceso de reinserción de Venezuela en los espacios multilaterales”.

Maduro, por lo visto, pasó al olvido. Y pretenden que nuestra restauración democrática también. Pero la lograremos desde adentro, a la venezolana, como el bravo pueblo del que habla nuestro Himno Nacional.

Sobre el autor

Dr. Gerhard Cartay Ramírez

Es abogado, político, historiador y escritor venezolano. Egresado de la UCV, fue diputado al Congreso de Venezuela durante casi dos décadas y Gobernador del estado Barinas (1992-1996). Historiador y columnista, es autor de diversas obras sobre la democracia venezolana y sus principales protagonistas. Actualmente participa en el debate público nacional, promoviendo la concertación, el diálogo y la unidad democrática.

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