
ACONTECER · INTERNACIONALES Por Phoenix Team Global · 28 de septiembre de 2026 · 9 min de lectura Geopolítica, energía y poder La pregunta que empieza a recorrer el mundo Durante décadas,…
Geopolítica, energía y poder
La pregunta que empieza a recorrer el mundo
Durante décadas, el petróleo ha sido mucho más que una materia prima. Ha sido una herramienta de poder, influencia diplomática y seguridad nacional.
Pero la crisis alrededor del estrecho de Ormuz está demostrando que el mapa energético mundial puede estar entrando en una nueva etapa.
El conflicto entre Estados Unidos e Irán ha convertido nuevamente a una estrecha vía marítima entre el golfo Pérsico y el golfo de Omán en uno de los principales puntos de presión de la economía mundial. Al mismo tiempo, China intenta proteger sus rutas de abastecimiento; India diversifica sus proveedores; Rusia enfrenta cambios en sus mercados; y Venezuela vuelve a adquirir un peso energético que trasciende las fronteras latinoamericanas.
La pregunta ya no es solamente cuánto petróleo queda en el mundo.
La pregunta es quién puede producirlo, quién puede transportarlo, quién puede comprarlo y, sobre todo, quién puede controlar las rutas que permiten que ese petróleo llegue a los mercados.
Ormuz: el estrecho que puede mover la economía mundial
El estrecho de Ormuz concentra una parte decisiva de los flujos energéticos que conectan Oriente Medio con Asia.

El estrecho de Ormuz tiene apenas unos 39 kilómetros en su punto más estrecho. Sin embargo, por sus aguas transitó en 2025 un promedio de aproximadamente 20 millones de barriles diarios de petróleo y productos petrolíferos, cerca del 25 % del comercio marítimo mundial de petróleo.
La Agencia Internacional de Energía (IEA) señala además que aproximadamente el 80 % de ese petróleo tiene como destino Asia, principalmente China, India, Japón y Corea del Sur.
Esto explica por qué cualquier interrupción prolongada del tráfico marítimo en Ormuz deja de ser un asunto exclusivamente militar entre Washington y Teherán.
Se convierte en un problema para toda la economía mundial.
La IEA reportó el 18 de septiembre que los flujos petroleros a través del estrecho habían promediado apenas 7,6 millones de barriles diarios durante agosto, muy por debajo de los niveles anteriores al conflicto. También advirtió que la reducción de los inventarios mundiales está aumentando la vulnerabilidad del mercado.
El problema tiene otra dimensión: las rutas alternativas tienen una capacidad limitada.
Arabia Saudita y Emiratos Árabes Unidos han podido desviar parte de sus exportaciones mediante oleoductos y terminales que evitan Ormuz, pero esas alternativas no pueden sustituir completamente el volumen que normalmente atraviesa el estrecho.
Un estrecho de apenas 39 kilómetros puede terminar condicionando decisiones económicas a miles de kilómetros de distancia.
China: la potencia que necesita que el petróleo siga circulando
China se encuentra en una posición particularmente delicada.
Es uno de los mayores consumidores e importadores de petróleo del planeta y una proporción considerable de sus suministros procede de Oriente Medio.
Por eso Beijing no puede observar la crisis de Ormuz exclusivamente desde una perspectiva diplomática.
Tiene un interés directo en que las rutas energéticas permanezcan abiertas.
Reuters informó recientemente que China ha presionado a Irán para que utilice su influencia sobre los hutíes y contribuya a reducir las amenazas contra las rutas marítimas del mar Rojo y Bab el-Mandeb.
Pocos días antes, el canciller chino Wang Yi pidió a Estados Unidos e Irán moderación y el restablecimiento de las negociaciones, además de reclamar la reapertura del estrecho de Ormuz.
La posición china revela una contradicción importante.
Beijing mantiene una asociación estratégica con Irán, pero al mismo tiempo necesita que el petróleo iraní y del Golfo llegue a sus refinerías.
China puede tener intereses estratégicos comunes con Teherán sin querer asumir los costos económicos de una crisis energética prolongada.
Rusia: otro proveedor sometido a las nuevas reglas del tablero
La crisis también está modificando los flujos comerciales de Rusia.
India, uno de los principales compradores de petróleo ruso, redujo sus importaciones provenientes de Moscú en agosto en aproximadamente 16,5 %, hasta unos 2,1 millones de barriles diarios, según datos comerciales citados por Reuters.
Al mismo tiempo, India aumentó su búsqueda de suministros alternativos y Venezuela se mantuvo entre sus principales proveedores.
Esto muestra algo fundamental:
cuando cambia una ruta energética, también cambia la geografía del poder económico.
Los compradores comienzan a buscar nuevos proveedores.
Los productores intentan conquistar nuevos mercados.
Los países consumidores negocian simultáneamente con varias potencias.
Y las empresas petroleras adquieren una importancia geopolítica cada vez mayor.
Venezuela vuelve al centro del tablero
Es aquí donde la historia adquiere especial relevancia para América Latina.
Durante años, Venezuela fue considerada principalmente un caso de crisis política, económica y social.
Sin embargo, su condición de país con enormes reservas petroleras vuelve a colocarla dentro de una conversación mucho más amplia:
la seguridad energética mundial.
La IEA reportó que Venezuela aumentó su producción aproximadamente en 300.000 barriles diarios entre febrero y agosto de 2026, convirtiéndose en uno de los países fuera del Golfo que más contribuyó a compensar la reducción de suministros provocada por la crisis de Oriente Medio.
Su producción registrada por la IEA para agosto fue de aproximadamente 1,12 millones de barriles diarios.
Y existe otro dato significativo.
Reuters informó que las exportaciones venezolanas permanecieron alrededor de 1,17 millones de barriles diarios en agosto, aunque los problemas logísticos, la congestión portuaria y el aumento de los costos de transporte están limitando la capacidad de incrementar rápidamente esos volúmenes.
Esto significa que el petróleo venezolano no es solamente una reserva futura.
Ya está participando en la respuesta del mercado a la crisis energética internacional.
Washington mira nuevamente hacia Caracas
El cambio más importante quizás no esté solamente en cuánto petróleo produce Venezuela, sino en quién controla su producción, quién compra ese petróleo y hacia dónde se dirige.
Reuters informó a finales de agosto que una empresa petrolera estadounidense, North American Blue Energy Partners (NABEP), recibió nuevos contratos para operar campos venezolanos que anteriormente estaban vinculados a empresas chinas y rusas.
Según la información publicada, el acuerdo contempla participación del Gobierno estadounidense y mecanismos que le darían acceso preferencial a parte de la producción.
Reuters también reportó que la Asamblea Nacional venezolana respaldó posteriormente el acuerdo petrolero anunciado con Estados Unidos.
Más allá de las discusiones jurídicas, económicas y políticas que estos acuerdos puedan generar, existe un hecho geopolítico evidente:
la competencia por el petróleo venezolano también es una competencia por influencia.
Durante años, China y Rusia ampliaron su presencia en el sector energético venezolano.
Ahora Washington busca ampliar nuevamente su participación.
Por eso Venezuela aparece dentro de un tablero mucho mayor que el estrictamente latinoamericano.
De China a Estados Unidos: cambia el destino del petróleo venezolano
Uno de los elementos más reveladores de los nuevos acuerdos es precisamente el posible cambio en los mercados de destino.
Reuters señaló que varios de los campos que pasarían a manos de la empresa estadounidense habían estado vinculados a compañías chinas y rusas y que una parte del objetivo estadounidense es dirigir una mayor proporción de ese petróleo hacia el mercado norteamericano.
Esto no significa que Venezuela haya dejado de tener vínculos con China, Rusia u otros compradores.
Significa que la estructura de esos vínculos está cambiando.
Y ahí aparece una de las grandes preguntas del nuevo escenario:
¿Estamos viendo el comienzo de una nueva competencia por la influencia energética sobre Venezuela?
La respuesta dependerá de cómo evolucionen los acuerdos, la producción venezolana, las condiciones del mercado mundial y las relaciones entre Washington, Beijing, Moscú y Caracas.
El petróleo ya no viaja solamente por los mercados
La crisis actual también demuestra que el petróleo tiene una dimensión geopolítica que las cifras de producción no pueden explicar por sí solas.
Un barril necesita:
producirse → almacenarse → transportarse → asegurarse → atravesar rutas marítimas → llegar a una refinería → convertirse en combustible.
Cada uno de esos pasos puede convertirse en un punto de presión.
- Ormuz representa uno.
- Bab el-Mandeb representa otro.
Los oleoductos representan otro.
Los puertos representan otro.
Las sanciones financieras representan otro.
Y los seguros marítimos también.
Por eso una crisis regional puede terminar aumentando los costos de transporte de un barril producido en Venezuela aunque ese barril se encuentre a miles de kilómetros del conflicto.
Reuters reportó que transportar un buque Aframax desde Venezuela hacia el Golfo de Estados Unidos llegó a costar alrededor de 3,5 millones de dólares, frente a aproximadamente 1,35 millones al comienzo del año.
La geopolítica, literalmente, está incorporándose al precio del transporte.
¿Un nuevo equilibrio energético?
La gran transformación puede resumirse en cinco movimientos:
- Estados Unidos busca asegurar suministros y ampliar su influencia energética.
- China necesita estabilidad en las rutas de Oriente Medio y diversificar sus proveedores.
- Rusia intenta conservar mercados mientras enfrenta mayores presiones comerciales y geopolíticas.
- India busca mantener su seguridad energética negociando simultáneamente con diferentes productores.
- Venezuela intenta recuperar capacidad productiva y vuelve a convertirse en una fuente relevante de petróleo fuera de Oriente Medio.
No estamos necesariamente ante un nuevo orden energético completamente consolidado.
Pero sí existen señales de una reconfiguración de las rutas, proveedores y alianzas.
La crisis de Ormuz está acelerando un proceso que ya estaba en marcha: la búsqueda de mayor diversificación energética y de mecanismos comerciales menos dependientes de un único proveedor, una única ruta o una única estructura financiera.
Reuters ha señalado que las alteraciones provocadas por la guerra están poniendo presión sobre el sistema tradicional de comercio petrolero denominado habitualmente petrodólar, aunque el dólar continúa siendo dominante y no existe evidencia de que otra moneda esté cerca de sustituirlo como eje del comercio mundial de petróleo.
Venezuela ante una oportunidad… y un desafío
El nuevo escenario puede representar una oportunidad económica para Venezuela.
Pero una mayor producción petrolera no garantiza automáticamente desarrollo, estabilidad institucional ni bienestar social.
El petróleo puede generar ingresos.
También puede convertirse en instrumento de dependencia política.
Por eso el verdadero desafío venezolano no consiste únicamente en producir más barriles.
Consiste en determinar qué instituciones administran esos recursos, bajo qué reglas, con qué transparencia, con qué controles y para beneficio de quién.
La experiencia histórica venezolana demuestra que disponer de enormes reservas naturales no es suficiente para construir prosperidad sostenible.
El recurso energético puede ser una ventaja.
La institucionalidad determina cómo se utiliza esa ventaja.
El tablero que se está formando
La crisis de 2026 permite observar una nueva geometría del poder:
- Ormuz conecta Oriente Medio con Asia.
- Bab el-Mandeb conecta el mar Rojo con el océano Índico.
- China necesita garantizar sus importaciones.
- India diversifica sus proveedores.
- Rusia intenta preservar sus mercados.
- Estados Unidos refuerza su posición energética y busca ampliar su influencia sobre nuevos suministros.
- Y Venezuela, con una de las mayores dotaciones petroleras del planeta, vuelve a aparecer en el centro de esa ecuación.
Por eso el futuro energético venezolano no puede analizarse exclusivamente desde Caracas.
Debe observarse también desde Washington, Beijing, Moscú, Nueva Delhi y los mercados petroleros internacionales.
La pregunta que queda abierta
La historia todavía está escribiéndose.
No está claro cuánto durará la crisis alrededor de Ormuz, hasta dónde llegará la recomposición de las rutas energéticas ni qué estructura terminará adoptando la industria petrolera venezolana.
Pero hay algo que ya resulta evidente:
el petróleo venezolano ha vuelto a adquirir una dimensión geopolítica global.
Y cuando la energía vuelve a ocupar el centro del tablero internacional, los países que poseen grandes reservas dejan de ser solamente productores.
Se convierten en piezas estratégicas.
La cuestión fundamental para Venezuela será si esa condición se traduce en mayor soberanía, instituciones más sólidas y desarrollo, o simplemente en una nueva competencia entre potencias por el control de sus recursos.
Ese es, quizás, el verdadero debate que comienza a abrirse.
Fuentes principales: Reuters y la Agencia Internacional de Energía (IEA), incluyendo datos recientes de septiembre de 2026 sobre Ormuz, producción venezolana, flujos de petróleo y la posición de China.
