Cinco minutos que se convierten en una hora

SERIE ESPECIAL · LA VIDA DETRÁS DE LA PANTALLA · PARTE 5 DE 7

OPINIÓN · VIDA DIGITAL

Scroll infinito, procrastinación digital y pérdida de control sobre el tiempo

José Andrés Rodas Silva, autor de la serie La vida detrás de la pantalla
José Andrés Rodas Silva, autor de la serie.

Aquí aparece uno de los efectos más cotidianos de las redes sociales: la procrastinación.

Tenemos que estudiar, trabajar, hacer ejercicio, ordenar la casa, responder un correo, terminar un proyecto, dormir o preparar algo para mañana. Pero antes pensamos: “Voy a revisar TikTok cinco minutos” o “voy a ver rápidamente Instagram”. Y muchas veces lo creemos de verdad.

El problema es que cinco minutos pueden convertirse en quince. Quince en treinta. Treinta en una hora.

Además, no siempre sentimos que estamos perdiendo el tiempo. Nuestra mente estuvo ocupada: vimos información, nos reímos, aprendimos algo, respondimos comentarios o descubrimos una noticia. Puede parecernos que hicimos algo, aunque la tarea que queríamos realizar siga esperando.

El scroll infinito no tiene un punto natural de cierre. Una película termina cuando aparecen los créditos y un libro ofrece una última página. Una plataforma con contenido infinito, en cambio, nunca nos dice que ya fue suficiente. Siempre hay otra publicación disponible.

Por eso detenernos requiere una decisión consciente. Y puede ser especialmente difícil cuando aquello que deberíamos hacer es menos estimulante.

Estudiar durante una hora puede costar más que mirar videos cortos. Leer un documento complicado ofrece una recompensa más lenta. Hacer ejercicio exige esfuerzo. Trabajar en un proyecto puede producir frustración. Ordenar la casa puede resultar aburrido. Irnos a dormir significa abandonar estímulos.

Deslizar una pantalla, en cambio, exige muy poco y ofrece novedad constantemente. Entonces aparece la negociación: “un video más”, “cinco minutos más”, “después comienzo”, “todavía tengo tiempo”. Lo que queríamos hacer se desplaza, quizá solo veinte minutos, pero esos pequeños períodos empiezan a acumularse cuando se repiten todos los días.

Existe, además, una forma de procrastinación que muchas personas conocen bien: la que ocurre antes de dormir.

Estamos cansados, sabemos que debemos levantarnos temprano, apagamos la luz y tomamos el teléfono. “Voy a mirar algo mientras me da sueño”, pensamos. Una hora después seguimos despiertos y el tiempo destinado al descanso se convirtió en consumo digital.

La investigación ha estudiado la relación entre el uso problemático del teléfono, el autocontrol, la procrastinación académica y el retraso de la hora de dormir. Aquí conviene hacer una distinción: no es lo mismo utilizar una plataforma durante una hora porque decidimos disfrutar ese entretenimiento que utilizarla durante una hora mientras queríamos hacer otra cosa.

El número puede ser idéntico. La diferencia está en el control. En un caso usamos el tiempo como decidimos; en el otro sentimos que el tiempo simplemente desapareció.

Una pregunta útil para revisar nuestra relación con una aplicación podría ser:

¿Terminé de utilizarla cuando quería terminar?

También vale la pena hablar de nuestra tolerancia al aburrimiento. Cada vez que aparece un pequeño espacio, buscamos el teléfono: esperamos un ascensor, teléfono; esperamos la comida, teléfono; estamos en una fila, teléfono. Tenemos treinta segundos libres, teléfono. Nos acostamos, teléfono. Nos despertamos, teléfono.

Cada hueco puede convertirse en una oportunidad para recibir nuevos estímulos. Pero el aburrimiento también cumple una función. Nos permite pensar, procesar, imaginar, descansar mentalmente y observar lo que ocurre alrededor. No todos los segundos necesitan entretenimiento.

El scroll infinito no compite únicamente por nuestro tiempo. Compite por nuestra atención.

Y la atención es uno de los recursos más importantes que tenemos. Donde ponemos nuestra atención, con el tiempo ponemos también una parte de nuestra vida.

Reflexión

La procrastinación digital es especialmente peligrosa porque no siempre sentimos que estamos perdiendo el tiempo. Nuestra mente está ocupada, pero nuestro objetivo sigue esperando.

Estar ocupado no necesariamente significa estar haciendo aquello que decidimos hacer.

Referencias para validación editorial

Sobre el autor

José Andrés Rodas Silva escribe sobre redes sociales, comparación, autoestima, atención y vida digital.

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