SERIE ESPECIAL · LA VIDA DETRÁS DE LA PANTALLA · PARTE 6 DE 7
OPINIÓN · VIDA DIGITAL
Cómo utilizar las redes sociales con intención sin convertir la tecnología en el enemigo

Después de hablar de comparación, autoestima, scroll infinito, dopamina y procrastinación, sería fácil llegar a una conclusión extrema: “elimina Instagram”, “borra TikTok”, “las redes sociales son malas”.
Pero esa conclusión sería demasiado simple.
Las redes también nos permiten mantener contacto con familiares que viven lejos, aprender habilidades, descubrir oportunidades, promocionar pequeños negocios, encontrar comunidades, compartir ideas, informarnos, mostrar nuestro trabajo, expresarnos, organizarnos y entretenernos.
Una persona puede aprender programación, cocina, fotografía, idiomas o mecánica utilizando plataformas sociales. Un pequeño negocio puede conseguir sus primeros clientes en Instagram. Un artista puede encontrar una audiencia internacional. Una familia separada por miles de kilómetros puede compartir parte de su vida cotidiana.
La tecnología no es necesariamente el enemigo. El problema también está en la relación que construimos con ella.
Recuperar nuestra atención no significa abandonar Internet. Significa empezar a utilizarlo de una manera más consciente.
Podemos comenzar por revisar nuestras notificaciones. ¿Realmente necesitamos que el teléfono nos avise cada vez que alguien marca “me gusta”? ¿Necesitamos una alerta por cada publicación? ¿Todas las aplicaciones tienen que poder interrumpirnos?
Una notificación parece insignificante, pero su función es precisamente reclamar nuestra atención.
También podemos establecer momentos en los que el teléfono no esté presente: durante el trabajo, mientras estudiamos, al conversar con otra persona, durante las comidas o en determinados períodos antes de dormir.
No porque el teléfono sea malo, sino porque algunas actividades necesitan nuestra atención completa.
Otra estrategia consiste en observar qué cuentas seguimos. Hay perfiles que enseñan, entretienen o inspiran. También puede haber cuentas que, cada vez que las vemos, nos dejan sintiéndonos peor con nuestra propia vida.
No estamos obligados a consumir de manera constante un contenido que perjudica nuestra percepción personal. Dejar de seguir una cuenta no significa odiar a esa persona. Significa decidir qué tipo de información queremos introducir repetidamente en nuestra mente.
Podemos cambiar, además, la manera en que entramos a las plataformas. Antes de abrir una aplicación, podríamos preguntarnos:
¿Para qué estoy entrando?
Tal vez vamos a responder un mensaje, buscar una información, revisar una publicación o pasar veinte minutos entreteniéndonos. Todas son razones válidas. El objetivo no es convertir cada segundo en productividad. También necesitamos ocio, reírnos y desconectarnos.
La dificultad aparece cuando una decisión se convierte, sin que lo notemos, en un hábito automático.
Abrimos Instagram sin saber por qué. Desbloqueamos el teléfono, abrimos TikTok, lo cerramos y volvemos a abrir Instagram. Todo ocurre casi sin pensar.
Entonces vale la pena preguntarnos:
¿Abrí esta aplicación porque decidí hacerlo o porque mi mano la abrió automáticamente?
Recuperar nuestra atención consiste en recuperar ese pequeño espacio entre el impulso y la acción.
También podemos volver a acostumbrarnos a estar aburridos: esperar una fila sin sacar inmediatamente el teléfono, caminar algunos minutos sin contenido, comer sin mirar una pantalla o acostarnos sin pasar los últimos treinta minutos deslizando.
Al principio quizá no sea cómodo. Nos hemos acostumbrado a tener estímulos disponibles todo el tiempo. Pero justamente por eso puede ser necesario volver a dejar algunos espacios vacíos.
La atención funciona mejor cuando somos nosotros quienes decidimos dónde colocarla, no cuando cualquier aplicación puede reclamarla cada pocos minutos.
El objetivo no debería ser sentir culpa cada vez que usamos tecnología. La culpa tampoco construye hábitos saludables. El objetivo es más sencillo:
volver a decidir nosotros cuándo comienza y cuándo termina su uso.
Reflexión
Recuperar nuestra atención no significa abandonar la tecnología. Significa volver a decidir conscientemente qué merece nuestro tiempo.
